*Advertencia a mi considerado lector: no sé hacia dónde va este post. No tiene una idea fija y, como si en sí mismo fuera un beatnik, irá a hasta dónde las ganas o el morbo lo dejen botado.1. Este es el mundo:
O, por lo menos, una parte
pequeñísima de él. ¿Qué es lo más grande que, con nuestros
ojos, hemos visto? ¿El mar? ¿Una inmensa ciudad que va creciendo bajo nuestros pies mientras
despegamos torpemente en un avión? Nada, nada que nuestros ojos hayan visto es
tan grande como el mundo. Me imagino que si uno pudiera ser realmente consciente del
tamaño de la Tierra se volvería loco. Pobrecillos los astronautas que ven tanta inmensidad con unos ojos hechos para ver lo
fragmentado, que no nacieron para el
absoluto.
Por si fuera poco su tamaño de
Titán, la Tierra cometió
la putada de ser esférica. Cómo si, burlándose de nosotros, nos impidiera poder marcar un inicio un un final. La Tierra
infinita que nace con cada paso que damos. Pienso en los mapas antiguos, dónde aparecía el fin de la Tierra y monstruos terribles se usaban para
decorar las zonas que el hombre desconocía.

¿En sus mapas,
cuánto espacio estaría habitado por dragones? ¿Cuántos lugares precisos podrían marcar en el mapa inmenso diciendo: "sé que
este lugar existe y no es un invento plagado de monstruos porque mis pies han estado ahí"? ¿Veinte? ¿Ochocientos? ¿Siete mil docientos veintiuno? ¿Y en
porcentaje? Yo no pasaré de un
5% del globo terráqueo. Vivo en un mundo lleno de
dragones.
2. A veces pienso en los
beatniks y una nostalgia de como quinientos años me cae encima. Pienso en Kerouac y su necesidad absoluta de
viajar, de mantenerse en movimiento, como si en el viaje geográfico estuviera implícito otro viaje, mucho más hermoso y
no menos inmenso, un viaje hacia una comprensión de yo, hacia la no circunstancia, el estado más puro del
ser. Eran seres terriblemente libres en una época en la que la libertad significaba
otra cosa que ahora no comprendemos. A veces, los pobres, perdidos en ese infinito de libertad se sentían
sofocados, como absorbidos por un todo absoluto y tremendo que no podían asir con las manos. Pero eran libres.
Dolorosa y locamente libres.

3. De algún modo, siento esta
necesidad de viajar. Este impulso de libertad, de la libertad que da el espacio
infinito. A veces, me quedo frustrada, por horas, viendo el pequeño pueblo dónde vivo en un mapa que voy haciendo cada vez más y más grande. Pienso que el mundo es tan
ancho y a la vez, tan
ajeno. Tengo tantas ganas de poseerlo todo, de pisarlo, de nadarlo, de correrlo. A veces, me encantaría que un beatnik me robara en su
motocicleta y me llevara a recorrer el mundo. Esta
hambre que tengo, señores, es un hambre insaciable que viene de atrás, desde hace muchos años, esta hambre que tengo, señores, es un hambre que el vive en las tripas del hombre desde que, en algún
planisferio dibujó el primer y terrible dragón de la
impotencia.